San Pedro muere de Sed
Una pequeña comuna frutillera al suroeste de Santiago literalmente se seca. Los pobladores culpan a las grandes agrícolas. El cambio climático, replican en la Dirección de Obras Hidráulicas. La comunidad suma diez años rogando la instalación de agua potable, la que recién podría estar disponible en 2011. Mientras tanto, los pequeños agricultores de la zona se reinventan para sobrevivir. La Nación, 30 de diciembre 2009. Salvador Ballesteros ha hecho toda su vida en Santa Rosa, uno de los poblados de la comuna de San Pedro de Melipilla, en el límite sur poniente de la Región Metropolitana. Don Salvador solía cultivar frutillas, que eran el sustento de la familia, pero la sequía que azotó la zona secó su producción y la de sus vecinos. “El drama aquí es tremendo. Ya estamos aburridos, desesperados, no hayamos qué hacer, dónde recurrir y esta cuestión va cada vez más grande, cada vez es más problemático el asunto del agua”, sostiene el agricultor. Está desesperado. Hace más de diez años que San Pedro sufre una paulatina disminución de la disponibilidad del vital recurso, que obtenían desde norias o pozos. Aunque los vecinos han tocado todas las puertas para conseguir una solución, no han logrado resultados. Decenas de familias de pequeños frutilleros hoy ven cómo su producción corre peligro por falta de riego y acusan a las empresas del lugar de desplazarlos y quedarse con toda su agua. “Yo tengo un pedacito de terreno, una hectárea y media, pero no puedo hacer nada, antes vivía de mis huertos y ahora no pasa nada, estamos envueltos en tierra y sin agua”, dice don Salvador, en medio de una nube de polvo por el paso de camiones por caminos sin pavimentar de las empresas cercanas, Agrosuper, Ventisquero (ambas propiedad de Gonzalo Vial) y Agrícola Santa Beatriz, entre otras. “La gente de plata, ellos tienen agua. Como mi vecino, que tiene duraznales al lado y yo, seco, bañándome con apenas un litro de agua”, asegura. Florentino Flores (DC), alcalde de San Pedro, señala que la sequía los afecta prácticamente todos los veranos, por lo que la municipalidad debe repartir agua en camiones aljibe a los sectores más afectados. Hoy tienen dos camiones pero no dan abasto. “Esto ya no es sostenible, porque se necesitan más fondos. Esto ya no es un sector en emergencia, sino que ya pasa a ser habitual”, sostiene. La municipalidad les entrega 2 mil litros de agua a la semana a los vecinos que no tienen. 285 litros diarios, menos del mínimo requerido por persona (300 litros, para aseo y alimentación), que deben repartirse hasta entre seis integrantes. Si bien el jefe comunal ha solicitado la instalación de agua potable, el proceso ha sido lento y engorroso. Se trata de un municipio pobre, que no tiene expertos permanentes, por lo que deben contratarlos para realizar los estudios que les solicita la Dirección General de Aguas (DGA). “Pero después, cuando llegamos con ellos, nos dicen ‘cumplieron, ahora necesitan esto otro’”, alega. Aguas turbias En 2001, siendo alcalde Avelino Farías, la municipalidad, junto a la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de San Pedro, presentó una solicitud para instalar agua potable en Santa Rosa, a través de un proyecto de Agua Potable Rural (APR). Según Harris Castro, presidente de la Unión Comunal, en ese lugar, las empresas y particulares que tienen derechos de aguas, perforaron de tal manera que el resto de los pobladores se quedaron sin disponibilidad. “Perforaron tanto la tierra con pozos profundos, que la parte alta, donde vive la gente, se quedó sin agua, se le secaron las norias, por lo tanto, postularon a un proyecto de agua potable y al postular empezaron las trabas”, acusa.
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